LA NAVE
EL HOSPITAL ERA UNA NAVE SELLADA, AISLADA DEL MUNDO Y UNA USINA EN EBULLICION DE TANTA ACTIVIDAD ALREDEDOR DE LOS PACIENTES, LOS MEDICOS, LAS ENFERMERAS Y DEMAS FAUNA FANTASMAGORICA DE CAMILLEROS, SUPERVISORES, GUARDIAS Y VISITANTES USUARIOS. NI MAS NI MENOS QUE UNA NAVE DE LOCOS TRIPULADA POR DELIRANTES FIGURAS CALEIDOSCOPICAS QUE SUSURRABAN, REIAN ESTRIDENTES, SE QUEJABAN, SE MORIAN Y SALIAN AL MUNDO COMO LOS PRISIONEROS DE UN CAMPO DE CONCENTRACION.
CADA FIGURA RODEADA DE UN AURA NEBULOSA, CAMBIANTE, PULSANTE, CON EL ACUMULADO DE COSAS, EVENTOS, ROSTROS, QUE MARCARCAN SUS VIDAS, COMO UNA GIBA ETEREA, INVISIBLE PERO SENSIBLE.
UNA BURBUJA, UN DOMO DE BULLICIO LO RODEABA. DENTRO EL ORDEN DE LAS COSAS SE IMPONIA A CADA PASO.
“Juro por Apolo médico, por Asclepio y por Higía, por Panacea y por todos los dioses
y diosas, tomándolos por testigos, que cumpliré, en la medida de mis posibilidades y
mi criterio, el juramento y compromiso siguientes:
Considerar a mi maestro en Medicina como si fuese mi padre, compartiré con él mis
bienes y, si llega el caso, ayudarle en sus necesidades, tener a sus hijos por
hermanos míos y enseñarles este Arte, si requieren aprenderlo, sin gratificación ni
compromiso, hacer a mis hijos participes de los preceptos, enseñanzas orales y
demás doctrinas, así como a los de mi maestro, y a los discípulos comprometidos y
que han prestado juramento según la ley médica, pero a nadie más.
Dirigir el tratamiento con los ojos puestos en la recuperación de los pacientes, en la
medida de mis fuerzas y de mi juicio, y abstenerse de toda maldad y daño.
No administrar a nadie un fármaco mortal, aunque me lo pida, ni tomar la iniciativa
de una sugerencia de este tipo. Asimismo, no recetar a una mujer un pesario
abortivo, sino, por el contrario, vivir y practicar mi arte de forma santa y pura.
No operar ni siquiera a los pacientes enfermos de cálculos, sino dejarlos en manos
de quienes se ocupan de estas prácticas.
Al visitar una casa, entrar en ella para bien de los enfermos, manteniéndome al
margen de daños voluntarios y de actos perversos en especial de todo intento de
seducir a mujeres o muchachos, ya sean libres o esclavos.
Callar todo cuanto vea u oiga, dentro o fuera de mi actuación profesional, que se
refiera a la intimidad humana y no deba divulgarse, convencido de que tales casos
deben mantenerse en secreto.
Si cumplo este juramento sin faltar a él, que se me conceda gozar de la vida y de mi
actividad profesional rodeado de la consideración de todos los hombres hasta el
último día de mi vida, pero si lo violo y juro en falso, que me ocurra todo lo CONTRARIO